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El Enigma de la Mente: lo Conocido, lo Desconocido y lo Incognoscible

Publicado por Editor en Castaneda y Don Juan
data: 13/10/2020

Existían una serie de verdades que los videntes, antiguos y nuevos, habían descubierto sobre la consciencia, y esas verdades fueron dispuestas en una secuencia específica con el fin de mejorar su comprensión. El dominio de la consciencia consistía en internalizar la secuencia total de dichas verdades.
Lo desconocido es algo que se presenta velado al hombre, cubierto tal vez por un contexto terrorífico, pero que a pesar de eso está a su alcance. Lo desconocido se torna conocido en un dado momento. Por otro lado, lo incognoscible es lo indescriptible, lo impensable, lo inconcebible. Es algo que jamás será conocido por nosotros y sin embargo está ahí, fascinando y al mismo tiempo horrorizando en su vastedad.
Frente a lo desconocido el hombre es aventurero. Darnos una sensación de esperanza y felicidad es una cualidad de lo desconocido. El hombre se siente robusto y jovial. La propia aprehensión que lo desconocido despierta es muy gratificante. Los nuevos videntes descubrieron que el hombre queda en su mejor forma frente a él.
Siempre que lo que se toma como desconocido se revela como lo incognoscible los resultados son desastrosos. Lo incognoscible no tiene efectos energéticos. No está al alcance del hombre, y por eso no debería ser invadido totalmente o hacerlo con prudencia.
Delimitar lo desconocido para separarlo de lo incognoscible a través del uso controlado de ver significa tornarlo accesible a nuestra percepción. Lo desconocido y lo conocido están realmente en la misma base, porque ambos están al alcance de la percepción humana. Lo incognoscible es todo lo que esté más allá de nuestra capacidad de percibir.
La primera verdad sobre la consciencia es que el mundo exterior no es realmente como pensamos. Creemos que es un mundo de objetos, pero no lo es. No es tan sólido y real como nuestra percepción fue llevada a creer, aunque tampoco es un espejismo. El mundo es una ilusión. Como ya se ha dicho: él es real por un lado e irreal por otro. Presta mucha atención en eso, pues es un hecho que debe ser comprendido y no simplemente aceptado. Nosotros percibimos. Esto es un hecho concreto porque aprendemos lo que es percibir.
Algo allá afuera afecta nuestros sentidos. Esta es la parte que es real. La parte irreal es lo que ellos dicen que está allá. Por ejemplo, toma una montaña. Nuestros sentidos nos dicen que se trata de un objeto. Ella tiene tamaño, cuerpo y forma. Nosotros tenemos incluso varias categorías de montañas, extremadamente precisas. No hay nada equivocado con eso; la falla está simplemente en que nunca se nos ocurrió que nuestros sentidos desempeñan sólo un papel superficial. Ellos perciben de la forma en que lo hacen porque una cualidad específica de nuestra consciencia los fuerza a actuar de ese modo.
Los videntes dicen que pensamos que hay un mundo de objetos sólo por causa de nuestra consciencia. Pero lo que realmente existe son las emanaciones del Águila, fluidas, siempre en movimiento y, no obstante, inalterables y eternas. Nuestra racionalidad no puede por sí sola responder sobre la razón de nuestra existencia. Todas las veces que intentamos hacerlo la respuesta se transforma en materia de fe. Los antiguos videntes tomaron otro camino y encontraron una respuesta que no envuelve sólo a la fe. Ellos vieron.

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