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Reflexiones de un Célibe

Publicado por Padre Joao Delco Mesquita Penna en Religión
data: 12/04/2012

 

Permítame compartir con usted, querido lector, esta reflexión a partir de mi experiencia vivida en el ministerio sacerdotal. Llego a los cincuenta años de vida de mi existencia, con veinte años dedicados a la Iglesia. La experiencia de vida sacerdotal fue muy significativa en mi vida.

En mi vida sacerdotal siempre busqué hacer lo mejor con consciencia de mis imperfecciones y limitaciones. Aunque no siempre concordando con todas las normas y reglas del magisterio de la iglesia, siempre busqué ser respetuoso y fiel a sus exigencias, principalmente en lo que dice respecto a la vida disciplinaria de celibato. En estos años de vivencia sacerdotal fueron muchas las crisis, muchas fueron las críticas recibidas, muchos fueron los desafíos enfrentados, pero también muchas las alegrías en el trabajo realizado. Fueron muchos los sacramentos celebrados, muchos los casamientos ministrados, vi muchas familias unirse, crecer, desarrollarse, sacramentar la vida en una profunda relación de amor. Vi muchas parejas ser felices, benditos en el amor y en la fidelidad. El testimonio de esas parejas me hace creer que la vida dentro del matrimonio, en el amor y en la fidelidad es tan sagrada como la vida en el ejercicio del ministerio sacerdotal, que sólo tendrá sentido también si es vivida en el amor y en la fidelidad. Pero también he cuestionado: ¿por qué muchos de nosotros, los padres, somos contradictorios en nuestra vocación? ¿Por qué muchos Seres ordenados viven en la infidelidad moral y evangélica, cuando deberían ser ejemplo y modelo de amor y fidelidad? ¿Cuál pecado pesa más? ¿El de la infidelidad en el comportamiento moral o la infidelidad en el seguimiento del testimonio evangélico? ¿Y cuando no tienen amor por el compromiso asumido? ¿Por qué muchos pierden el entusiasmo y la alegría festiva del día a día de la ordenación? ¿Por qué el ministerio muchas veces se torna una obligación? ¿Por qué el Ser ordenado padre no puede también vivir la vida realizado y feliz en el ejercicio de su ministerio de forma conyugal, si esta fuera también su vocación? Quiero sólo abrir un espacio para una reflexión seria y responsable al respecto de la opción de libre elección para los ministros ordenados. Lo que pasaré a defender en este artículo es el celibato como opción de vida. Defiendo la idea de que la vocación célibe y vocación sacerdotal son llamados distintos para el ejercicio del ministerio. Con eso quiero reflexionar al respecto de la urgente necesidad de discutir a nivel de magisterio de la iglesia la problemática de la crisis del celibato y su conexión con la vocación sacerdotal. Estoy sugiriendo el diálogo en vez de la represión a las nuevas ideas que surgen con el transcurso del tiempo en la historia de nuestra iglesia. Para ejemplificar veamos algunos hechos reales: muy recientemente, D. William Morris buscaba soluciones para equilibrar la balanza entre el déficit de vocaciones y las grandes dimensiones geográficas y de población de su diócesis, en Austria. Fue removido por el Vaticano por defender las medidas consideradas extremas, como la ordenación de mujeres o de hombres casados, y también, quién no se acuerda de la censura sufrida por el fray Leonardo Boff, prohibido de escribir y discursar, siendo conducido a una renuncia de su estado religioso, rebajado al estado laico, única alternativa que le fue dejada, penalidad sufrida por defender posiciones teológicas innovadoras en la Iglesia, entre ellas la defensa de la visión del celibato como carisma. En el 2009, Luis Albuquerque Couto, sacerdote y diputado federal en el estado de Paraíba, en nuestro país, fue suspendido de sus actividades sacerdotales debido a una entrevista publicada en la revista electrónica Congreso em Foco, donde el sacerdote, entre otros asuntos, declaró: “El celibato es un valor en la vida de la iglesia. Muchos célibes viven una vida ejemplar e inspiradora. Por lo tanto, no es el celibato lo que cuestiono, sino su obligatoriedad. Cuando el celibato es impuesto y obligado puede traer sufrimientos humanos innecesarios. El celibato aceptado como carisma es bendito y el celibato obligatorio e impuesto puede tornarse un martirio silencioso”. En este sentido es que afirmo en mi convicción que el celibato también es una vocación. El apóstol Pablo nos enseña: “el celibato es un don de Dios, una vocación, que no es para todos (…)”. Durante siglos, en el transcurso de la historia de la Iglesia, el celibato siempre fue impuesto como la única condición para el ejercicio del ministerio sacerdotal. Muchos de nosotros, padres de diócesis, tenemos la vocación del ministerio sacerdotal, pero no necesariamente de una vida célibe. Los ejemplos observando la historia nos muestran que, realmente cuando el celibato es impuesto y obligatorio no siempre trae la plena felicidad prometida por el Creador a todas sus criaturas.

No creo que el fin de la vida célibe traería el fin de todos los problemas relacionados a la afectividad humana por aquellos que lo viven. No es esta la cuestión. Pero pienso que la decisión personal traería mayor libertad y coherencia al ministro elegido por Dios, consagrado para el anuncio de la buena nueva de Jesús. En este sentido quiero comulgar con las ideas de algunos obispos brasileños, que no esconden el deseo de ver un día padres casados o padres de familia al lado de padres célibes, ejerciendo el ministerio por vocación. Lo que no garantiza que la Iglesia estará inmune de debilidades, vacilaciones, pecados y hasta escándalos. Pero podríamos tener la certeza de que el ministerio sacerdotal y el celibato serían ejercidos por opción, cada miembro del cuerpo eclesiástico podría vivir coherentemente realizando sus vocaciones, comprometido con la causa del Reino de Dios y con una Iglesia fraterna y solidaria. ¡Defiendo la libre elección libre del celibato y no su imposición! Si la elección fuese el celibato, defiendo la idea de que el padre sea auténtico en la vivencia de su voto, no con una vida doble, sino viviendo con alegría, sin necesitar sublimar todas sus frustraciones en el alcoholismo, en la homosexualidad, en la pedofilia, en la hiperactividad, o en las neurosis de una vida amarga y gananciosa, muchas veces rencorosa, pues como dijo el apóstol Pablo, en la Primera Carta a los Corintios: “si no pueden guardar la continencia, cásense, pues es mejor casarse que arder en malos deseos” (cap. 7,9). Tendrá más valor ejemplar un padre casado coherente con su vocación que padres “célibes” solterones, que no asumen su compromiso como Ser célibe y viven una vida de infidelidad, por faltarles estructura psico-afectiva, llevando una vida muchas veces marcada por el desequilibrio emocional, que podrá poner en peligro a las hijas e hijos de tantas familias de fieles que siempre creyeron en la fidelidad y santidad del hombre célibe. En este sentido, el gran profeta de la humanidad, Don Hélder Câmara, cierto día rezó así: “Le he dicho a San Pedro que sueño con una Iglesia en que el celibato sea facultativo para los sacerdotes y las mujeres puedan celebrar misas. Una iglesia libre de las amarras del capitalismo y en la cual los oprimidos se sientan en casa, alentados en la búsqueda de justicia y paz y de un estado de vida que sea el reflejo de la vida del evangelio”.

Finalmente, querido lector, como decía Raul Seixas, el poeta de las profecías, “sueño que se sueña solo no pasa de ser un sueño, pero cuando la gente sueña junta es la realidad que comienza”. Que Dios ilumine a la Iglesia para que ella refleje con la debida profundidad el asunto. Reafirmo aquí mi compromiso como cristiano, como sacerdote y como célibe, de vivir mi vocación buscando siempre la perfección cada día en medio de los desafíos del ministerio sacerdotal del mundo contemporáneo. Una cosa es cierta, ¡jamás abandonaré la fe, la lucha y los ideales por los cuales siempre luché! Continuaré siempre defendiendo mis convicciones teológicas en una perspectiva libertadora, en defensa de la vida, por dignidad y justicia social. “Usted es sacerdote para siempre, según la orden de Melquisedeq”, Salmos, 110.4; Hebreos 5.6 y 7.17.

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Padre Joao Delco Mesquita Penna -
4 Comentários
  1. gabriel bina

    Gostei do artigo e da coragem do padre joão Delco em tratar este assunto polêmico.

    • Pe. João Delço

      Caro Irmão Pe. Gabriel,

      Com meus cumprimentos, meus sinceros agradecimentos pelos comentários neste espaço e email e meus sinceros votos de muito sucesso na corrida eleitoral à prefeitura de Santa Isabel-SP. Grande Abraço.

      Pe. João Delço

  2. Dom Rosalvo

    Parabens pelo artigo e testemunho!

    • Pe. João Delço

      Caro Dom Rosalvo,

      Muito obrigado meu irmão Bispo! Quanta alegria ao saber de vossa nomeação. Que o Senhor Nosso Deus ilumine a vossa trajetoria no episcopado! Grande Abraços.

      Pe. João Delço…

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