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La adquisición de la Voluntad

Publicado por Editor en Castaneda y Don Juan
data: 13/05/2020

Un hombre que sigue los caminos de la brujería se enfrenta con una aniquilación inminente a cada paso del camino, y es inevitable que tome una fuerte consciencia de su muerte. Sin la consciencia de la muerte, él sería sólo un hombre común, practicando actos comunes.

No tendría la necesaria potencia, la necesaria concentración que transforma el tiempo común de la persona en la tierra en un poder mágico. Así, para ser un guerrero, el hombre tiene que estar antes que todo, y propiamente, muy consciente de su propia muerte. Pero la preocupación con la muerte llevaría a cualquiera de nosotros a enfocar la atención en sí y eso sería debilitante. Por lo tanto, la segunda cosa que se necesita para ser un guerrero es el desprendimiento. La idea de la muerte inminente, en vez de tornarse una obsesión, se torna indiferencia.

Solamente la idea de la muerte vuelve al hombre lo suficientemente desprendido para ser capaz de entregarse a cualquier cosa. Un hombre así, sin embargo, no tiene anhelos, pues adquirió un amor callado por la vida y por todas las cosas de la vida. Sabe que la muerte lo acompaña y no le da tiempo de agarrarse a nada, de modo que él experimenta, sin desear, todo de todas las cosas.

Un hombre desprendido, que sabe que no tiene posibilidad de evitar su muerte sólo tiene una cosa en qué apoyarse: el poder de sus decisiones. Debe comprender plenamente que su opción es su responsabilidad y una vez hecha no hay más tiempo para remordimientos o recriminaciones. Sus decisiones son finales, simplemente porque su muerte no le permite tiempo para agarrarse a nada.

Y es así, con la consciencia de su muerte, con su desprendimiento, y con el poder de sus decisiones, un guerrero organiza su vida de manera estratégica. El conocimiento de su muerte lo orienta y lo vuelve desprendido y secretamente sensual; el poder de sus decisiones finales lo vuelve capaz de elegir sin remordimientos, y lo que él elige es siempre estratégicamente lo mejor, y así él ejecuta todo lo que necesita con voluntad y una eficiencia sensual.

Cuando un hombre procede de esa manera, se puede decir con seguridad que él es un guerrero y adquirió la paciencia. Cuando un guerrero logra la paciencia, está a camino de la voluntad. Sabe esperar. Su muerte se sienta con él en su estera, ellos son amigos. Su muerte lo aconseja, de maneras misteriosas, a optar, a vivir estratégicamente.

¡Y el guerrero espera! Yo diría que el guerrero aprende sin prisa alguna porque él sabe que está esperando a su voluntad; y un día logra realizar cosas imposibles, o cosas imposibles le fueron aconteciendo, él percibe que una especie de poder está surgiendo. Un poder que emana de su cuerpo mientras él progresa en el camino del conocimiento.

Al principio parece un comezón en la barriga, o un punto caliente que no logra ser aliviado; después, se vuelve un dolor, una incomodidad muy grande. A veces el dolor y la incomodidad son tan fuertes que el guerrero pasa meses teniendo convulsiones, y mientras más graves son, mejor para él. Un buen poder siempre es prenunciado por mucho dolor.

Cuando las convulsiones cesan, el guerrero repara que tiene sensaciones extrañas con relación a las cosas. Nota que puede tocar cualquier cosa que quiera con una sensación que sale de su cuerpo de un lugar abajo o justo encima de su ombligo. Esa sensación es la Voluntad, y cuando él logra agarrar las cosas con ella, se puede decir que el guerrero es un brujo y que adquirió la Voluntad.

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