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I – Frases de Sócrates

Publicado por Editor en Socrates
data: 26/01/2012

Conocido como patrono de la Filosofía, Sócrates (Atenas, 469 a.C. – † 399 a.C.) influencia todo el pensamiento occidental. No dejó ninguna obra escrita, siendo sus discípulos Platón y Jenofontes los responsables por difundir su pensamiento. Sus frases e historias son marcadas por la ironía y buen humor. Intentamos aquí agruparlas por asunto y las divulgaremos en cuatro publicaciones.

El Amor

Cásate: si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no, te volverás filósofo, lo que siempre es útil para el hombre.

Temed al amor de una mujer más que al odio de un hombre.

El amor no es un dios, ni un mortal, sino un gran demonio.

Lo ideal en el matrimonio es que la mujer sea ciega y el hombre sordo.

Tanto para el casamiento como para el celibato, deja que el hombre elija su camino, seguro se va a arrepentir.

Hecha igual al hombre, la mujer se conviertió en su superior.

El amor más ardiente tiene el más frío final.

La Amistad

El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene.

No tomes como amigo a un hombre de quien no sepas primero cómo conservó la amistad con los otros; porque debes esperar que proceda contigo tal como procedió con los demás.

Entre los animales feroces, el más peligroso es el delator. Entre los domésticos, el adulador.

No obtengas a tus amigos por simples cumplidos, sino dándoles señales sensibles de tu amor.

Sé lento para caer en la amistad; pero cuando caigas en ella, continía firme y constante.

Alegría

Sé un hombre serio, juega.

Un hombre honesto es siempre un niño.

La alegría del alma forma los días más bellos de la vida en cualquier época que sea.

Disfrútate a ti mismo – es más tarde de lo que piensas.

Es rico el que se contenta con menos, para el contentamiento hay la riqueza de la naturaleza.

Aquél que no se contenta con lo que tiene, no deberá contentarse con lo que gustaría tener.

La Salud

Si alguien busca la salud, pregúntale si está dispuesto a evitar las causas de la enfermedad; en caso contrario, abstente de ayudarle.

La Muerte

Pues bien, es hora de ir, yo para morir, y tú para vivir. Quién de nosotros irá para mejor es un enigma para todos, menos para Dios.

Si la muerte fuese realmente el fin de todo, eso sería un óptimo negocio para los perversos, pues al morir serían canceladas todas las maldades, no solo del cuerpo sino también del alma.

El fin de la vida es ser como Dios, y el alma siguiendo a Dios será como Él.

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