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X – Al fin un cobijo

Publicado por Bill Braga en Memorias, Psicología, Psiquiatría, Chamanismo
data: 16/06/2020

Una conversación más con el hombre de blanco, el impasible Dr. Lucas. Él porfía en mantener su pose de doctor, la braveza en sus palabras rudas, represivas y la mirada de señor de la verdad. Pero hasta él se ha doblado ante mis elucubraciones. Hoy salí de su sala más leve, él me dijo que luego voy a salir de ahí, que yo no pertenecía a esa clínica. ¿Pero será que alguien pertenece realmente a ese lugar? Dentro de la Clínica Pinel conocí a todo tipo de gente: genios, drogados, depresivos, esquizofrénicos, neuróticas, maníacos. Creo que allá no conocí a ningún loco. Todos me parecían más sanos que la mayoría de las personas que estaban afuera. Lo que llevaba a las personas allí era la dificultad que los otros tenían de lidiar con ellas. La familia, la sociedad, nadie lograba soportar la mirada más profunda que cada cual lanzaba, a su modo, sobre la vida. Nadie allí era mediocre, el mundo exige que nos tornemos mediocres, nivelados en la media, o entonces… Aislamos el problema encerrándolo en una clínica. Yo no estaba lejos de mis compañeros de viaje, Lucas se había equivocado. Yo tendría que  mostrarle esto. Desde aquel encuentro con mi madre después del viaje lisérgico de vuelta a Belo Horizonte, el camino de la internación se construía con solidez.

Cuando vi a mi madre llegando, mi corazón pululó en el pecho nuevamente. Mi padre volvió a susurrar en mis oídos, todo volvió en una avalancha de impulsos y emociones. No sé cómo mi madre descubrió que yo estaba allí, no sé si lo conversamos por teléfono. Sé que yo huía, pero quería ese encuentro. Las madres son y siempre serán un refugio. ¿Por qué mi novia no estaba allí también? Ella podía ayudarme a encontrar a mi padre. Ella y Tatiana. A Tatiana ya no la oía más. Ella debía haber vuelto a Juiz de Fora. Me abandonó. Todas ellas. Pero el acogimiento que sentía de la Baiana fue quebrado con la llegada de tres personas queridas, pero dislocadas. La sintonía fue rota, yo no podía contenerme más.

Al ver a mi madre, con aquellos ojos que mesclaban desespero, angustia y ojos pesados, el mundo se dividió en dos dentro de mí. Por un lado el ambiente de la baiana representaba el mundo de Juiz de Fora, de la fiesta, de la libertad y quizás del libertinaje. Por otro lado, el mundo de BH – el conservadurismo, la represión a los deseos, la recalcadura. Paradojalmente yo salí de Juiz de Fora en una explosión de (re)sentimientos para buscar acogida en BH. Pero el aterrizaje en el suelo de la capital colocó a los dos mundos en choque y mi mente, mi corazón y mi alma entraron en una especie de proceso de big bang

Me acuerdo bien de los ojos de los tres. Me miraban como si no me reconociesen. Me miraban como si me condenasen. No los tres. Solamente mi madre y su novio. Mi hermano, dulce amigo, me miraba con ojos asustados, rojos, llorosos. Pero la ternura de su cariño y de su mirada era mi garantía. Él estaba de mi lado, sin ser necesario que me entendiera. Y mi madre comenzaba a hablar mal del lugar y de las personas que estaban alrededor. Yo comencé a defenderlas exponiendo los preconceptos implícitos en sus palabras. Y hablaba alto, sabiendo que los ilustres desconocidos que me cercaban eran mis compadres. Ellos sí me acogieron, ella no. Su novio intentaba burlarse de mí con chistes sin gracia. Él no estaba de mi lado. Las voces.

Necesito encontrarlas. Necesito a mi padre y a Marquinhos. Estaba todo al contrario, todo al revés, ellos necesitaban acogerme, ¿no veían que yo estaba en un ambiente altamente nocivo? Todo esos preconceptos, esas personas cuadradas nunca entendieron mis meandros, nunca podrían ayudarme a abrir las puerteas de mi percepción. Los necesitaba a ellos, a Tatiana, a Sandra y a mi novia. Y todo lo que tenía eran dos miradas represivas. Necesito encontrarlos, a esos que están de mi lado, los dueños de las voces, estoy seguro que ellos están cerca.

Mi madre quería contenerme, quería llevarme a casa. ¿Cómo? Ella no entendía la búsqueda que yo necesitaba realizar. Era como un juego, las voces me decían el camino, yo tenía que ir y al final los encontraría, caería en los brazos de Tatiana, de ella, la única que me entiende, la única que me puede ayudar. Tal vez otra mujer también pudiese, ¿dónde diablos estaba mi novia? No. No podía contar con ella. Ella ya debería haber sentido la traición de mis pensamientos y sentimientos. No lo merecía, y aunque yo no había llegado al acto, la traición ya era un hecho. Definitivamente ella no lo merecía, ella no lo entendería, mejor ni contarle. Tatiana concordaba. Necesitaba oír música, pero no tenía mi PSP. Sí, él era el eslabón. El PSP y la música. Siempre fueron ellos los que me mantuvieron conectados con las voces y sus dueños. Ellos me transportaban a esa realidad inhóspita e intragable. Necesito un cigarro, un cigarro de una aspirada infinita, cuya nicotina aplaque todo mi dolor. El cigarro de la añoranza. El cigarro que da alas. La cerveza que se transforma en agua. La excitación del alma. La bipartición del ser. Así yo me fundía en al menos dos yos en conflicto.

Me acuerdo de Fernando Pessoa, que no era uno, ni dos, sino infinitos, y de su Libro del Desasosiego. Una de las personas dentro de Fernando escribió estas palabras:

“Los sentimientos que más duelen, las emociones que más pungen, son los que son absurdos – el ansia de cosas imposibles, precisamente porque son imposibles, la añoranza de lo que nunca hubo, el deseo de lo que podría haber sido, la tristeza de no ser otro, la insatisfacción de la existencia del mundo. Todos estos semitonos de la inconsciencia del alma crean en nosotros un paisaje adolorido, un eterno atardecer de lo que somos… El sentirnos es entonces un campo desierto a punto de oscurecer, triste de juncos al pie de un río sin barcos, negreando claramente entre márgenes alejados”.

Le pregunto a Sandra, dulce enfermera que llega para hacerme compañía si ella conoce a Fernando. No. Ni a Vinicius conoce muy bien. Pues  bien, vamos a conversar un poco sobre ellos. Y me acuesto en su regazo para contarle sobre el bello y triste destino de estos poetas.

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Bill Braga -
12 Comentários
  1. Bruno Sundinha

    Creio que estou aprendendo a ler….ou pelo o menos tomando gosto! Mesmo voltando a nossa saga. Que pelo seu texto me faz lembrar das memórias de um tempo BEM estranho digamos assim. O que me conforta ao ler seus textos, é que felizmente eu sei o final… valeu manao!

    • Bill Braga

      É Sundinha, foi um tempo muito louco, eu diria, de tão estranho, mas que bom que você está tomando gosto pela leitura através das memórias deste tempo… E o fim desta nossa saga, nós construímos todo dia, não é meu caro amigo? Obrigado camarada!

  2. Myriam Menin Ferreira

    Biel, estou gostando muito das ilustrações da sua narrativa.E agora chegamos ao ponto em que entramos nós à procura do Biel, com muito sofrimento de todas as partes, encarando uma situação que precisaria ser enfrentada nem sempre com muita delicadeza.Continuo dizendo que cada um fez o melhor que podia no sentido de acolher voce e trazê-lo de volta. Voce sabe disso, não é ? Beijo grande da Vó

    • Bill Braga

      Olá Vó! Que bom que gosta das imagens, ponto para o editor! Concordo com você, é claro vó, todos fizeram o que conseguiam fazer, da forma em que deram conta. É como sempre digo, ninguém está preparado, ninguém pode estar pronto para encarar uma situação como esta que venho narrando. O sofrimento existiu, e é revivido por todos semanalmente, imagino, mas como diz a canção: “o fim é belo, e (in) certo, depende de como você vê!” obrigado pela leitura companheira! beijos!

  3. Me fez lembrar de uma – outra – passagem do Livro do Desassossego, “… no desalinho triste das minhas emoções confusas…”

    O imaginário de sensações que você vem criando ao longo dos textos me dobraram, confesso. Só não fico aflita no fim do texto porque já te vi recentemente com aquela cara boa de sempre, mas não fosse isso…!

    Segue firme daí que a gente segue lendo daqui : )

    • Bill Braga

      É deia, as emoções alguma vez não são confusas?

      Obrigado pela companhia, deixe as aflições de lado, o mundo já é cheio delas mesmo…

  4. Juliana Starling

    Efebo!

    Mergulhei nestes dez capítulos de uma vez só e… nossa!

    Além dos parabéns pela escrita maravilhosa, quero dizer que achei fantástica a atitude de compartilhar essa experiência de tentar explicar o incompreeensível! Acompanhar a “guerra”, como já dito em alguns comentários, e vc lutando para entender tudo, em momentos de lucidez (regados aos haldols da vida, está sendo fantástico!

    E, como profissional da saúde, estou achando sensacional a visão do “paciente”… que às vezes, para nós, é tão subjetiva e difícil de lidar! Se não se importar quero mto compartilhar seus textos com alguns colegas!

    Um grande beijo da mais nova leitora!

    Ju

    • Bill Braga

      Olá Ju, que bom que gostou… Claro que pode compartilhar, a ideia é esta, compartilhar experiencias, pode se sentir a vontade….

      Pois é, a ideia é tentar transportar o leitor para o mundo sob meu olhar… Realmente normalmente pacientes, ainda mais do “doentes mentais” são um pouco inacessíveis em sua visão do mundo, parece que há uma barreira entre médico e paciente, que deve ser quebrada horizontalmente, não verticalmente…

      Muito obrigado Ju, bem-vindo à esta viagem!

      beijos

  5. Marcela Boechat

    Acho que você conta o que nós não sabemos nem ver.

    Essa narrativa tão lúcida que dá as mãos para a imaginária me leva.

    Isso cria “A excitação da alma”.

    Mais uma vez,

    Parabéns e obrigada

    • Bill Braga

      Oi Marcela, eu que agradeço palavras tão belas e generosas…

      Talvez a excitação da minha alma que se transmita pelas palavras, e no gesto da leitura, esse estado se transmita e a narrativa crie a excitação da tua alma…

      muito obrigado, tua leitura companheira é o estímulo fundamental…

  6. Lucas Ferrari

    Grande Bill! Gostei muito desse capítulo! Que situação, esta, quando percebemos que no nosso porto-natal estão falando um idioma diferente do nosso… O que será que acontece? Se um idioma-raiz que subdivide-se em galhos diferentes seguindo em direções diferentes ou se um idioma-raiz que cresce em tronco unidirecional e nós, após longas, tortuosas e perdidas voltas de galho de cerrado que somos, que voltamos irreconhecíveis?

    • Bill Braga

      Pois é meu caro amigo… não creio que seja um caminho unidirecional.. As voltas tortuosas que você diz, são um emaranhado, uma teia, individualidades se expressão, experiências são vividas.. Mas como você diz, há ore a raiz ali, cravada, esperando as voltas, dos galhos-soltos…

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